TAUROMAQUIA: Par de Banderillas

TAUROMAQUIA. Mariano Aguayo (acuarelas) y Rafael del Campo (textos)

Andar hacia el toro templadamente; asomarse al balcón; prender, casi con mimo, el par bien reunido; salir de la suerte natural, sin aspavientos.

¡ Y sentirse !

Entonces el toreo de plata es oro macizo.

Par de Banderillas Mariano Aguayo

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Festina lente

Desde las ventanas del monasterio de San Jerónimo, asentado en la falda de la sierra, se domina Córdoba agrisada por el atardecer. Lentamente van surgiendo, aquí y allá, algunas luces. La ciudad está quietecita, como si temiese echarse a sudar. Y todo parece justificar el lema FESTINA LENTE que una marquesa del Mérito, Carmela Martel y Arteaga, mandó poner sobre la puerta del refectorio. FESTINA LENTE, apresúrate despacio. Viene a ser algo así como hacer lo que se tenga que hacer pero sin empujones.

San Jerónimo Mariano Aguayo

Bueno, pues estas reflexiones vienen a cuento de recordar, a través del gran salón de trofeos del monasterio-palacio, a José (Peps, en familia) López de Carrizosa y Martel, marqués del Mérito, que fue uno de los grandes cazadores de su generación. Forjado en la escuela de su padre, dueño de El Risquillo, fue un apasionado montero. Y, durante muchos años, monteó como había que hacerlo en aquella época. Despacio, venciendo dificultades de tiempo y distancias.

Los Mérito fueron cazadores del corte de un Artaza, un Infantado o un Valdueza; señores que integraron la caza en un estilo total de vida, respetando unos valores que estaban muy por encima de los resultados venatorios.

Córdoba Mariano Aguayo

Hoy, cuando todo el mundo caza con prisa, yendo con la lengua fuera de una mancha a otra, de un país a otro, tratando de reunir la mayor cantidad posible de trofeos con los que luego no saben qué hacer, quizá no se comprenda el sosiego, la casi despreocupación con que aquellos viejos cazadores se movían.

Puede ayudar a entender aquella forma de convivencia alrededor de la caza ver cómo se montaban las expediciones desde Córdoba a El Risquillo, allá en el quinto pino, por lo más hondo de Andújar. En aquellos viejos y magníficos automóviles llegaban hasta Fuencaliente. Allí esperaban las caballerías y, por atajos y caminos de herradura, hasta la finca. Y todo eso despacito, procurando no sudar. Vistiendo para las cenas esmoquin de campo. FESTINA LENTE.  

Tauromaquia: La Tertulia

TAUROMAQUIA. Mariano Aguayo (acuarelas) y Rafael del Campo (textos)

En la tertulia cada cual echaba su parecer.

Uno, más erudito, hablaba de las teorías sobre el pase natural y las aliñaba citando las tauromaquias de Pepe Hillo y Paquiro o lo que al respecto, más recientemente, habían escrito Manolete o Rafael Ortega. Y se perdía en consideraciones sobre si había que echar la muleta “palante “ y traer al toro enganchado o si, por el contrario, era más meritorio dejar el engaño retrasado, alineado con la cadera, y luego profundizar el pase hasta donde alargara el brazo.

La Tertulia

Otro de los amigos, de temperamento más evocador y poético, simplemente recordaba: aquellos naturales de Ordoñez en El Puerto, los de Chenel en Madrid o esos otros que dio El Fino a un toro de Pérez Tabernero en Manzanares y que fueron pura transparencia…

  • Porque El Fino torea por endecasílabos, que lo sepáis.

Y así, mezclando toreo y poesía, recorría cincuenta años de afición.

Por su parte, Don Paulino, como era tan apocadito, sólo escuchaba. De vez en cuando se mojaba los labios de Fino El Gallo. Calladamente. Y seguía escuchando.

Uno de los amigos quiso sacarlo de su lejanía y le echó la muleta al hocico:

  • A ver, Paulino, mójate…

Entonces, haciendo un esfuerzo, Don Paulino dijo:

  • El pase natural debe ser como el buen toreo….. o sea, natural.

Y no dijo nada más.

Pero lo había dicho todo.

El Orégano

32 Paisaje 35x140 Mariano Aguayo

Casi desde el amanecer de aquella mañana de julio, había estado yo viéndolo andarear la parte alta de la finca, por el arroyo de El Helechar. No llevaba escopeta. Podía haber andado laceando pero, entonces, no se hubiera dejado ver. Conque casi lo había olvidado. Pero, cuando salí a la carretera para Córdoba, temprano, allí estaba. Me hizo señas y lo recogí. Tenia una cabeza noble, con el pelo muy blanco, y despedía un olor montuno pero limpio, a jara recién ro­zada.

-Gracias, amigo. El autobús tardará mas de una hora en llegar.

Llevaba un capachete de palma en la mano. Lo abrió.

-Orégano, ya usted ve.

El orégano Mariano Aguayo

Ese era el otro tufillo que daba mi pasajero y que yo no había podido precisar. Y es que el orégano todavía está fresco, demasiado nuevo para soltar su denso perfume en plenitud. El hombre movió la cabeza.

-Es una pena cogerlo tan pronto, ya lo sé. Lo que pasa es que la gente no espera y, si no se anda uno listo, no te dejan nada. Pero quién nos pone de acuerdo para que aguantemos? A mí me ha echado de casa la mujer. Anda, vete a por orégano, me dijo. Es que, estando jubilado y sano, en la ca­sa se estorba y algo tiene uno que hacer. Y dice la mujer que estas rebuscas siempre son de mucho provecho. En cada tiempo, lo suyo. Los alcaparrones, el hinojo, el tomillo, los espárragos trigueros y amargueros, los níscalos, los gurumelos, los esponjes…

Desempolvé la malicia.

-Entendiendo bien el campo, también se saca un jornal con los lazos.

-Si, señor, que es verdad. Pero a mi lo que siempre me gustó fue la escopeta. Y estaba muy usado en ella. Cazaba en lo libre. Hasta que no quedó casi nada. Pero, mire usted, por esta zona me sabía yo mover sin que nadie me pudiera decir esta boca es mía. Por ahí, pegadito a la vía el tren del Muriano, me pasaba por debajo de San Cebrián a las huertas de San Enrique, para La Balanzona, y siempre salía por arriba, por Villa Enriqueta, con algún coneju­cho, algún pájaro o lo que fuera sin haber pisado ni un coto. Y hasta hace muy poco, no vaya usted a creer. Le dábamos mi pe­rra y yo a los conejos con paciencia, despacito, registrando cada mata. Como éramos ya muy pocos los que sabíamos andar por lo libre, pues eso, que teníamos nuestro cachito de sierra escondido para nosotros. Pero se acabó. Hoy no queda nada para los pobres. Ni un regajo, ni una vegueta.

Lo observé de reojo. Miraba al frente, a la carretera, perdido en sus recuerdos. Se le veía un hombre apaci­ble. Al cabo de un ratillo, dijo:

-Nos ha quedado el orégano.

Tauromaquia: La Banda de Música

TAUROMAQUIA. Mariano Aguayo (acuarelas) y Rafael del Campo (textos)

Estaban los músicos en su palco, cada uno a su aire, resoplando su instrumento como mejor le parecía.

La Banda de Música. Mariano Aguayo

Aquello era un potaje de pitidos desacompasados: unos graves, otros agudos, todos desagradables.

En esto llegó el maestro:

  • Señores, que arranca el paseíllo.

Aclaró la garganta, templó la batuta con toda la torería que ardía en su viejo corazón de músico y dibujó un garabato en el aire. Entonces, como por ensalmo, los sonidos se ordenaron y sonó majestuoso el pasodoble “Manolete“.

¡¡ Hay que ver lo que manda un palito bien movido ¡¡

El Palito. Mariano Aguayo

Las matas de la Sierra

El madroño, el lentisco, el durillo forman el monte de cabeza que también se llamó siempre roíjo. En la sie­rra se están haciendo las matas y los que al llegar el invierno serán rojos y jugosos madroños son hoy unas bolillas pálidas, apenas reconocibles entre las hojas de un verde lujoso.

Las cornicabras también lucen brillantes con los cornezuelos secos del año pasado cargados de resina perfumada. Por el otoño pon­drán sus notas anaranjadas, como llamas, en mitad de los cerros. Y, luego, están las matas que las reses no comerán, aunque se mueran de hambre, como el torvisco y el romero. El romero, sin embargo, gusta a los conejos que se ponen de bolo, roen sus ta­llos, lo dejan caer, y a comer.

Cestillo con flores Mariano Aguayo

Llenas del vigor que les sube desde el pie por estas aguas de primavera, brillan al sol con las flores ya pasadas la hiniesta y la jara; los chaparros se van cargando de mocos y las adelfas se aprietan en los regajos con las zarzas y el espino majoleto. Las au­lagas cuajadas de flores de oro y la zarzaparrilla; la riparia de uvas diminutas y el rusco; el tomillo real, el orégano y el hinojo, tan humildes y tan generosos perfumando. Por los bajos, junto al arroyo, se ven las trompadas frescas de los marranos buscando los bulbos de los candilitos.

Septiembre traerá color dorado a las manzanillas del pi­ruétano y las bolas del rusco se volverán rojas. Y se tornará en fuerte azul nacarado la granilla del durillo y en un vivo encarnado la del lentisco. Da gloria andarear la sierra en estos primeros compases del cálido verano de Sierra Morena, antes de que los pastos se sequen hasta quedar crujientes en mitad del estiaje.

Hace pocos dias subió por Torrearboles un amigo y, comentando el buen mayo de aguas, me sorprendió su ignorancia en lo que al monte toca. No dis­tinguía un lentisco de un acebuche. Pero lo más notable es que este amigo mío es un cazador apasionado, de esos a los que les duele que termine una temporada y ansían la llegada del otoño para volver a las armas. ¿Será que a esta clase de monteros tan sólo les interesa la sierra para matar?

Tauromaquia – Prefacio

Abrimos nueva temporada y con ella también nuevos proyectos. Es un placer para mí presentaros mi nueva serie, llamada TAUROMAQUIA, que surge como resultado de la colaboración con Rafael del Campo. He ilustrado cada uno de sus textos, realizando entre los dos una obra que esperamos os guste y disfrutéis tanto como lo hemos hecho nosotros al crearla. 

Estamos muy orgullosos del resultado y a partir de hoy y a través de este blog, os iremos mostrando cada uno de los capítulos. Cada martes os presentaré un capítulo y una acuarela. Nuestro objetivo es que podáis ir descubriendo semanalmente nuestra obra hasta que al final, dispongáis de la obra al completo. 

Esperamos que os guste. Muchas gracias por vuestra atención y como siempre, estaremos encantados de recibir vuestros comentarios. 

Hoy comienzo con el prefacio de Rafael del Campo. Cómo él bien dice: “¡Qué Dios reparta suerte!”.   

Tauromaquia

Prefacio

Mariano Aguayo y un servidor nos hemos acollarado para llevar a cabo un proyecto, un entretenimiento, o un “ lo que sea “, pictórico – literario.

  • “Casi ná”, que diría el castizo.

Cada martes, mientras el cuerpo aguante y la creatividad no se resquebraje, se va a publicar una acuarela de Mariano que yo voy a complementar con un texto más o menos alusivo.

Mariano me hace un gran honor al permitir que lo acompañe y yo, que creo que es el creador más grande y más completo que ha dado Córdoba en mucho tiempo, me siento justamente agradecido.

La cosa va de toros pues esta temática es la que últimamente ocupa a nuestro pintor que ha vuelto, tras una larga etapa que yo llamo “ ruralismo poético “ : podencos, jabalíes, paisajes monteros…pintados al detalle con trazos en los que capta la esencia misma de las cosas, a una pintura más subjetiva, aparentemente ingenua, en la que deforma con maestría estampas taurinas para, igual que en su etapa anterior, captar también la esencia profunda de las cosas : en este caso, de la Fiesta.

Estoy seguro de que podréis disfrutar de la originalidad de las acuarelas, de su colorido, su movimiento y su sencillez, una sencillez, hay que resaltarlo, natural y acompasada. Y muy sentida, muy torera.

Yo, por mi parte, voy a ponerle letra a esas pinturas : unas veces serán relatillos que, al cerrar los ojos tras volcarme en la contemplación de la obra, parece que me cuentan los propios personajes. Podría jurar que ha sido tan sencillo como afinar el oído y escuchar las vivencias de los picadores, de los matadores, de los banderilleros…o sus historias… o sus éxitos o sus frustraciones…o los sucedidos relatados por el público asistente al festejo. O las anécdotas…O…

Y es que las personas, y aún las escenas, tan hondamente creadas por Mariano, están vivas. Y sienten. Y hablan. O, al menos, a mí me lo parece.

Otras veces, ya sean entreverados en los cuentos, ya sean cual texto aislado y cortísimo, dejaré algún pensamiento o algún sentimiento que explique mis pareceres sobre el toreo. O que reivindique, para este espectáculo grandioso, la condición de acontecimiento cultural.

No quiero que falten en los textos ni la curiosidad ni el hecho pintoresco. En toda obra se agradece el aliño de una sonrisa que le de frescura. Es complicadillo. A ver si lo conseguimos…

No sé cómo acabará este proyecto que hoy empezamos. Ni cuando. Pero me gustaría que su material formara, el día de mañana, un libro que le diera permanencia y lo hiciera tangible (Y que acreditara, de paso, para satisfacer mi vanidad, que he colaborado con un grande) Y es que soñar es gratis .

De momento, y no es poco, sino mucho, nos esta sirviendo para disfrutar a Mariano y a mí. Y espero que muy pronto también a todos vosotros.

¡Que Dios reparta suerte!