Perros Reseros: El Mastín

Una o dos colleras de mastines eran obligadas en las antiguas rehalas cordobesas. Y, entre los mastines y los podencos puros, normalmente se echaban cruzados de muy distinta talla y condición. Así, se cubrían las necesidades del monteo, desde la busca, las corridas y los agarres.

La dicha del mastín cuando da con la cama de un cochino, ese jau, jau, espaciado y ronco, poderoso, es una verdadera satisfacción para un buen aficionado. Y, cuando a esa llamada de parada acuden más perros y se formaliza la ladra, sigue escuchándose, tesonera, la lengua del mastín, que se pierde en la distancia tras los rastros del marrano.

El Mastín. Mariano Aguayo

Decía Matías García, gran aficionado dueño de perros, que a él no le gustaba la dicha del mastín porque era triste. Pero, triste y todo, era una gloria como sonaba en el monte.

El mastín, diverso en sus capas –cervato, leonado, encerado, verdino, averdugado, berrendo, etc.-, es un perro muy noble, a pesar de ser consciente de su enorme poder. Tradicionalmente dedicado a la guarda de ganado, es capaz de enfrentarse al lobo y, para esas peleas, se les dotaba de collares con púas llamados carlancas.

Hoy, quizá por sus inconvenientes para el transporte debido a su corpulencia –hasta 80 cms. De alzada y 90 kilos de peso- o por la tendencia a formar las rehalas con podencos finos, el mastín, al menos por la zona de Córdoba, está en decadencia. Y su capacidad para el agarre se está sustituyendo por la de alanos u otras castas.

Sin embargo, cuando yo estuve visitando rehalas manchegas y extremeñas para documentar mi libro sobre las rehalas, hallé excelentes mastines, seguramente muy adecuados para arrollar monte por aquellas duras manchas. Éste que ofrezco hoy pertenece a la rehala de Manuel Caldera, de Cáceres.

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TAUROMAQUIA: La Media Lagartijera

TAUROMAQUIA. Mariano Aguayo (acuarelas) y Rafael del Campo (textos)

El toreo, el buen toreo se entiende, es un racimo de cosas muy simples : terrenos, distancias, temple…También naturalidad y ritmo y esa cosa imposible de explicar que nombramos, precisamente por eso, con una palabra que más que de sentido va cargada de poesía: sentimiento.

Pues sobre todas esas características tan valorables, el toreo debe tener, según yo me creo, medida. Medida en la ejecución de las suertes, en la gestualidad, en el metraje de las faenas. Medida.

Esto me hace recordar la media lagartijera: estocada medida, colocada en el mismo hoyo de las agujas… Y el toro patas arriba. O sea, una estocada “ esbozada “, en su sitio exacto y con su profundidad adecuada : ni más, ni menos. Una estocada perfecta, casi delicada, y sin el dramatismo (a veces excesivo y salvaje) de los estoconazos enteros.

Porque el toreo, según yo he mamado desde chico, no es cosa ni de atracones ni de excesos. Es otra cosa…es medida. Mayormente. Y en eso , como en otras tantas cosas, el toreo se parece a la vida,  ese misterioso don que día a día toreamos con la exacta medida que nos marca la fe en nuestros principios.

Matar. Mariano Aguayo

Navidades

A mí de las Navidades me gusta todo. El turrón de almendra, los mantecados, el anís de Rute, las zambombas, los regalos por Reyes, las pandillas de niños cantando… Hasta los reclamos publicitarios, cuyos mensajes familiares y dulzones estoy dispuesto a creerme a pies juntillas. Todo, ya digo. Porque la Navidad todo lo reviste de nostalgias, de sencillez, y saca a flote lo que nos queda de niños por ahí, por los fondos más secretos de nuestros viejos baúles de recuerdos. Sí, ya sé que más de un sociólogo riguroso condenaría la manipulación a que nos somete la publicidad por esta fechas. Y que a él estas cosas le sientan fatal. Pues que se aguante. Yo me lo paso tan ricamente.

En Córdoba hace frío. Y lo malo es que podemos meternos en esos días de nublados planos y secos tan típicos de Navidades. Con la falta que hace el agua, que sólo nos visitó, como de cumplido, un poquillo en una otoñada en que apenas llovió para ganar una apuesta.

Reyes Magos. Mariano Aguayo

Ahora se nos van a acumular los manchones y las monterías que se han ido retrasando porque no corrían los arroyos. Ahora, que tenemos a los estudiantes sedientos de sierra que compense los muchos días de tragar humo por ahi, por las grandes ciudades. Ahora da gusto echar cualquier pegote en familia, con cuatro chuchos y unas pocas escopetas. Ahora, ahora, con la casa de la finca llena de críos, engalanada con globillos de colores, y el belén bien revestido de lentisco, madroña y romero. Con la gente menuda esperando alrededor de la lumbre la vuelta de los cazadores.

Si hay suerte y llega un cochino al corral trasero de la casa, con todos lo niños alborotando, hay que ver la que se lía. Cualquier lechonato cobra la importancia merecida, y pasa con todo honor al álbum de fotos familiar como si se tratase de un récord de esos que exhiben con petulancia los grandes cazadores.

Y, al final, el colofón: los Reyes Magos, que en casas de cazadores siempre vienen cargados de apechusques camperos. Cartuchos, zurrones, catrecillos… Un cuchillo, algún impermeable. Gorras, bufandas, guantes, pastillas para hacer fuego, botas, balas. Y, en años excepcionales, algún rifle o una mira telescópica pueden caer también para la puesta en marcha de un nuevo montero. Así son los Magos tradicionalmente en mi casa. Y sospecho que en las de los lectores de “Trofeo” también.

Navidad, Navidad, dulce Navidad.

(“Trofeo”, Madrid, Navidad,99)

TAUROMAQUIA: Joselito El Gallo

TAUROMAQUIA. Mariano Aguayo (acuarelas) y Rafael del Campo (textos)

En la historia del toreo, esa historia que hemos leído pero, sobre todo, que nos han contado, la figura de Joselito “ El Gallo “ aparece como el culmen de las virtudes toreras del dominio y la seguridad. Cuentan que, siendo aún de novillero, le dieron un puntazo. La reacción de su madre fue de descreimiento y casi de indiferencia :

  • Pues será que el novillo le ha tirado un pitón, justificó.

A Joselito, el maestro de la lidia total, lo contrapusieron con Belmonte y, ciertamente, la comparación era absurda. Si se entendía el toreo como el arte de dominar el toro a base de facultades, de inteligencia y de poder, Belmonte era un guiñapo al lado del de Gelves: no admitía comparación.

Pero también es cierto que si la cosa se aprecia desde otra perspectiva, quizá Belmonte tuviera más relevancia que Joselito. Y es que todo se va mudando y las artes más: así llegó el momento ( principios del siglo xx ) en que las artes cambiaron : eran los tiempos de las vanguardias, del cubismo en pintura, del surrealismo en poesía…y acaeció Belmonte en el arte del toreo rompiendo las reglas sagradas de la lógica taurina de entonces : las distancias y las querencias y dominando el toro, no a base de movimiento y facultades físicas, sino a base de quietud y de temple.

Joselito. Mariano Aguayo

Pero sobre esto que apunto, hay mucho escrito, mucho hablado y, seguramente, también mucho soñado o inventado. Por eso yo no podría asegurar, como dicen algunos, que Belmonte ha sido el más grande de todos los tiempos. Pero tampoco si, por el contrario, lo fue Joselito. Si estoy seguro, sin embargo, que Joselito es el torero de más sorprendentes combinaciones: en él, el misterio, o la ironía, o la causalidad, tomaron cuerpo y provocaron extrañas coincidencias.

Ahí van:

El 8 de mayo de 1.895 lo parió una “bailaora“, apellidada Ortega.

Y el 16 de mayo de 1.920 lo mató un toro, de la viuda de Ortega, llamado “ Bailaor”.

Así, al comienzo y al final de ese círculo que es la vida, se vinieron a juntar nombres y oficios, madre y verdugo, en una irónica amalgama de principios y postrimerías.

¡Qué malaje tuvo el de Gelves, qué malaje!

Perros Reseros

Atravesado berrendo o burraco. Yo creo que la cruza de podenco y mastín es tan antigua como la montería misma. Y en la zona de Córdoba, hoy con claro predominio del podenco puro, las rehalas estuvieron tradicionalmente formadas por perros cruzados en todas sus proporciones. Desde el mastín descargado al podenco amastinado. Podencos hay que alguien poco avisado puede creer puros y que, sin embargo, muestran algún remiendo en negro que sólo puede venir de un mastín antepasado.

El perro cruzado siempre ha gozado de mucha estima entre los podenqueros por su dureza. Es fama entre muchos perreros que, en tanto el podenco puro tras el agotamiento de un día de monte no come, el cruzado se harta y ya está dispuesto otra vez para lo que venga. Si bien carece de la alegría del podenco, el perro cruzado puede tener buena dicha y, desde luego, un gran poderío en las manchas.

El ser berrendo no puede considerarse una característica sino, más bien, un accidente sin mayor importancia en su capa. Ha habido grandes aficionados al perro que han tenido el capricho de que sus atravesados sean todos burracos. Como ilustre pionero de estos caprichosos podemos recordar a un montero de tronío, el gran Guerrita, del que se conserva una bella estampa, allá por los años treinta, con su rehala de berrendos y acompañado de otro dueño de perros emblemático de las sierras cordobesas: Joaquín Natera, Tocinito.

El atravesado pesado siempre ha tenido gran predicamento en las rehalas manchegas y extremeñas. El que hoy he retratado es un hermoso ejemplar de la rehala de Manuel Caldera, de Cáceres.

Atravesado Berrendo. Mariano Aguayo

TAUROMAQUIA: En corto y por derecho

TAUROMAQUIA. Mariano Aguayo (acuarelas) y Rafael del Campo (textos)

Dicen los que saben, o los que dicen que saben, que a los toros los mata la mano izquierda, que es la que manda, la que hace descubrir el morrillo y la que, a la misma vez, vacía la embestida, ofreciendo el tiempo justo para que la mano derecha cobre la estocada.

Dicen también los que saben, o los que dicen que saben, que si no hay tal sincronía, una de dos: o pinchazo o cornalón.

Estos sabios tienen además su frase rotunda para aliñar la teoría :

  • A quien no hace la cruz, se lo lleva el Diablo…

Pero yo, que ni sé ni digo que sé, tengo en esta materia, como cualquier aficionado, una convicción propia. Y esta es la mía : que a los toros los mata el corazón del torero, que guía a la mano izquierda y que empuja a la mano derecha…

… el corazón, ese órgano donde crecen el miedo y el valor, sobre todo el valor, y en cuyas honduras se cría lo mejor y lo peor de cada ser humano.

Matar. Mariano Aguayo

Perros Reseros

Podenco andaluz.

Es quizá la raza cuyos antecedentes son mejor conocidos. Juan de Dios Olías, que consiguió la mejor rehala de la historia compuesta sólo de podencos puros, estudia su devenir en un excelente libro que tituló El perro de los dioses.

Pocas cosas hay tan hermosas en un día de monte como la dicha aguda y limpia de los podencos en una ladra corrida. Además, como tienen tantos pies, cuando se engalgan con las reses, la fuerza de las ladras sube y baja, debilitada en los barrancos y clara en los collados hasta perderse en el fondo de la sierra, a menos que una escopeta corte la corrida.

Resulta el podenco imprescindible en las sierras andaluzas dada la abundancia de cervuno ya que las ciervas, muy sedentarias, se marotean en las manchas y rinden a los perros pesados en agotadoras corridas.

En el estándar del podenco andaluz, fijado en 1992, se anotan estas características tan bonitas: De gran inteligencia, nobleza, sociabilidad, y siempre alerta. De justas reacciones a los estímulos que denotan un carácter vivo y equilibrado. Muy cariñoso, sumiso y leal con el dueño, pero rompe este vínculo ante el castigo injusto. Todo ello le confiere una gran capacidad para el adiestramiento. Es un perro nacido para cazar, con un excelente olfato, y muy resistente a la fatiga, no se amedrenta ante nada, metódico y rápido en la búsqueda, con un latir alegre tras la pieza, tanto en la caza mayor como en la menor, siendo un excelente cobrador de pelo y pluma, ya sea en agua o terreno accidentado.

Dentro de las variedades de talla y capa, hoy traemos aquí al mediano, sedeño y remendado en colorado.

Podenco Andaluz