Y, por fin, el agua

Bueno, pues ya está Dios lloviendo sobre los campos. Y el agua puede meterse en temporal con este cielo encapotado, bien apretado de nubes, que sólo deja pasar una luz muy pobre. De vez en cuando rueda un trueno lejano.

Hace muchos años que no veíamos la sierra tan seca. El monte está engurruñido. Tanto que, si le diese a un marrano por pasarse pechenfrente por una solana, se le iban a ver hasta las pezuñas cuando, en tiempos normales, sólo veríamos banderear un poco las pimpolletas de las jaras.

JabalíesY es que está todo churruscado. Mantener las reses en las grandes cercas ha supuesto este año unos ingentes esfuerzos económicos. Y todo para conseguir solamente unos resultados pobres en cuanto a gallardía de cuernas. Bien alimentados con apoyos artificiales, hay fincas en las que los venados están espelotados, hasta con brillo en el pelo, pero con cabezas más pobres que las del año anterior.

El monte de cabeza es un invento de Dios. El roíjo, que dicen los serranos, del que un venado puede elegir entre los renuevos aterciopelados de las madroñas, el durillo o las carrascas, no puede sustituirse con dinero. ¿Habrá algo más deseable para las reses que la granilla del lentisco?

Y están los pastos, que también han faltado a lista. Dice Jorge Martínez, que sabe muchísimo de esto, que lo mejor para que den los venados  buenas cabezas son las flores. Las flores, coronando una buena primavera de pastos ricos. Un símbolo.

Pues nada. Se pueden estudiar los componentes de los piensos, tratar de que tengan todo lo que suponemos que las reses necesitan, usar de generosidad en las raciones. Y, con esta sequía, las cuernas, para atrás.

¿Y los pobres cochinos? Cómo lo están pasando de mal en este durísimo final del estiaje. Llegan hueseando a todas partes, perdida la vergüenza apretados por las hambres. Y dando facilidades a quienes los presionan con los aguardos.

Bendita lluvia. Ahora aprieta más. Desde la ventana de mi estudio veo la cortina de agua y escucho su inefable música al rebotar contra el suelo. A ver si sigue muchos días. Lástima que los chiquillos están en clase, porque me gustaría oír sus gritos clásicos saludando la lluvia. Que llueva, que llueva…

(Tarjeta “Jabalíes”, en la Paris: Galerie Dorothée Chastel – Montpensier, 1995.)

Anuncios

El brindis

TAUROMAQUIA. Mariano Aguayo (acuarelas) y Rafael del Campo (textos)

 

A lo largo de la historia del toreo, ha habido muchos brindis que han tenido su aquel.

Brindis. 15x11Guerra de la Independencia: Agustín Aroca, jurista y matador de toros, brindó un toro al público de Madrid con el deseo de que  “no quede vivo ni un francés “

Fue su última corrida en la capital.

Luego se alistó en la guerrilla y murió en combate,  cerca de Toledo.

El sentimiento patriótico y la Fiesta de los Toros han ido siempre muy, muy, muy acompasados… lo que podría explicar que algunos anti taurinos de hoy en día (o muchos) lo sean porque rechazan lo español. Ni más ni menos.

Villaviciosa

A Rafael Rivas, un alcalde que no considera políticamente incorrecto confraternizar con la gente montera.

El domingo pasado fui hasta Villaviciosa de Córdoba invitado por Paco Cano a una concentración de rehalas. Sin zahones, sin rifle. A charlar un rato de perros con amigos de toda la vida.

A Villaviciosa puedes llegar desde Santa María de Trassierra (aquella de Faciendo la vía del Calatraveño por Santa María, vencido del sueño… que cantara el marqués de Santillana), pasando Las Albertillas (¡qué buena gente!) y cayendo al Control de los forestales para tomar por el Collado de los Lobos el camino del Névalo, de Casas Rubias, de Cabeza Agüilla,… O enfilar la carretera vieja, la que sube por Los Arenales, dejando a los lados La Tejera, El Santo, Los Valsequillos, La Umbría de Yllescas, gateando trabajosamente por unas curvas que han tenido siempre merecida fama entre la gente cordobesa.

Puedes entrar también desde la carretera de Badajoz, por el pantano de Puente Nuevo a alcanzar el Collado de los Venados, hasta el mismo pueblo. O bajar desde Villanueva del Rey, entre cotos de tanta nombradía como Los Posteruelos o el Puerto del Toro. Desde Posadas, pasarás manchas tan emblemáticas como Navalcastaño, Los Jarales, Fuente Vieja. Hasta Los Llanos. O sea que, entres por donde entres al hermoso término de Villaviciosa, vas a estar pisando tierras de caza mayor vestidas del más rico monte que disfrutarse pueda.

Febrero1

Allí los apretales de lentiscas, madroñas, aulagas y cornicabras; los jarales que, al recrecerse, forman mezquitillas que casi los hacen más fáciles de atravesar; allí los peñascos, los puestos de balcón desde los que se domina el portantillo zorreado de un marrano.

Allí los podencos finos, cuya quintaesencia fijó, por los años sesenta, Carlos Escobar. Eran blancos, sedeños, con buena alzada y, por no sé qué milagro de la genética, con los ojos casi blancos como una marca de la casa.

Allí los perreros buenos y los buenos dueños de perros: José Rojo, “Chatarra”, Carlos de la Torre, Rafael Cabrera, los “Tábanos”, “El Peque”, Pedro Carretero, “El Piojo”, José

Juárez, José María Ruiz, Julián Contreras, Manolo Cabrera, Miguel Díaz, “Canito”, Rafael Madueño… y tantos y tantos… Y, pesando para siempre en el recuerdo de aquellos cerros, las sombras de los grandes desaparecidos. ¡Ay, aquél magnífico Joselón!

A la sombra fresca de un grupo de eucaliptos, a las afueras del pueblo, festejamos la trayectoria de monteros viejos como Rafael Cruz, alma de Las Albertillas, y de guardas de larga presencia en la sierra: José Mariscal y Germán Guijo.

Y así anduvimos entreteniendo la veda los que siempre estamos dispuestos a hablar de perros, de tiros, de reses. De monte y de montería.

(“Trofeo”, Octubre 2010)

Monosabio

TAUROMAQUIA. Mariano Aguayo (acuarelas) y Rafael del Campo (textos)

Ya entrebarreras, después del silencio indiferente del público, oyó murmurar a su banderillero:

– No vale “ pa “ esto…es que lo que no puede ser no puede ser…y además es imposible.

Por eso, antes de que la cosa pasara a mayores y algún “esaborío “se lo dijese con crueldad, decidió quitarse del toro: esa misma tarde, muy digno, en el centro del ruedo, se cortó la coleta. Pero no se puso paños calientes: no quería culpar a los empresarios, ni a la mala suerte, ni a los ganaderos, ni a los apoderados que había tenido a lo largo de varios años y que con honradez o pillería, aciertos o marronazos, habían dirigido su carrera. Si el éxito es de uno, se decía, también lo es el fracaso y, si se quitaba del toro, era por una sola verdad:

– No vales “ pa “ esto.

Por eso, tan pronto volvió a Córdoba, quiso deshacerse de los avíos de torear.

El traje de luces lo vendió a un sastre de toreros y fue como si hubiese vendido el alma.

El capotillo de paseo, que había envuelto tantas ilusiones, lo regaló a un torerillo que empezaba y, al entregárselo, fue como si el corazón se le hubiera quedado sin sentimientos.

Pero la montera, esa montera ajada de tantas tardes de miedos e ilusiones, la conservó…porque un hombre no puede vivir sin cabeza donde guardar los recuerdos y la conciencia de su propia dignidad.

&&&&&&&&

Monasabios 15x21Fueron pasando los meses y él, a pesar de todo, seguía sintiéndose torero. Torero sin traje de luces y sin capote de paseo, torero, por tanto, sin alma y sin corazón, pero torero con montera donde albergar la cabeza y decirse, a sí mismo, la verdad. Sin tapujos, sin engaños:

– No vales “ pa “ esto.

Pero toda la verdad:

– Sin embargo eres un hombre digno.

Le dio por la lectura porque los libros, cuando están bien escritos, te hacen vivir otras vidas. O entender otras vidas. Especialmente la propia. Leía poemas de Manuel Machado:

“…y antes que poeta, mi deseo primero

hubiera sido ser, un buen banderillero…”

O de Miguel Hernández:

“Como el toro,

he nacido para el luto y el dolor “

O de Alberti :

“ Llora Giraldilla mora

lágrimas en tu pañuelo

mira como sube al cielo

la gracia toreadora “

Y así iba pasando sus días, él, que era torero pero que no servía para torero y que, además, tampoco sabía ligar las palabras y las ideas para crear otras vidas, donde poder vivir aunque sólo fuera de sueños. Hasta que un día se topó con un libro de Corrochano , titulado “ ¿ Qué es torear ? “ que pretendía ahondar en eso del toreo. Entresacó una frase del libro : “ torea todo el que anda entre toros “ Y aquello fue como una riada de luz porque, si lo decía Corrochano, debería ser verdad. Así que movió las relaciones que aún le quedaban y pudo sentar plaza de monosabio, para andar entre toros y seguir siendo torero. Sus amigos no lo entendían:

– ¿ Pero tú, que has sido novillero puntero, cómo te vas a rebajar a ser simple monosabio ?

Y él se daba cuenta de que sus amigos ni sabían de toros ni sabían de la vida. Ni sabían de nada. Pero explicarles las cosas era imposible, era machacar en “ jierro “ frío. Más valía callar. Y, como consuelo de una pena que no sabía bien de dónde arrancaba, recitaba muy bajito, sólo para sí mismo, a Manuel Machado:

“ ..que las olas me traigan y la olas me lleven

y que jamás me obliguen el camino a elegir

que la vida se tome la pena de matarme

ya que yo no me tomo la pena de vivir “

Caida al caballo 15x22Así que, cada tarde de toros, se vestía la blusilla colorá y asistía al picador que le tocara. Y no sólo en la capital: también en los pueblos de la provincia o aún más lejos: donde lo llamaran, allí iba. Nunca rehuyó el riesgo, ni un quite a cuerpo limpio, ni un coleo…pero jamás quiso lucirse, ni destacar. Casi prefería desaparecer, que su blusilla colorá se camuflara entre los trajes de luces y nadie reparara en su presencia porque, en cierta manera, sabía su verdad :

– No vales “ pa “ esto.

Pero toda la verdad :

– Sin embargo eres un hombre digno.

Muy de tarde en tarde, algún picador, sin mirarle y entredientes, musitaba desde las alturas de su jamelgazo:

– Bien muchacho…bien.

Y él, entonces, se empavonaba por dentro, porque, como decía El Guerra : “ a tos nos gusta que nos rasquen “ . Luego, al llegar a su casa, veía a su hijo durmiendo en la cuna y la bandeja con la cena y la nota de su mujer : “ Despiértame cuando llegues…quiero que me cuentes cómo te ha ido “

Y entonces desnudaba el alma y cargado de sinceridad relataba a su mujer los sucedidos de la tarde, su propia torería, su valentía, hasta su arte, y ella miraba con bellísimos ojos negros recién despertados y sus labios cálidos le decían:

– Eres el mejor en lo tuyo.

Y el monosabio, aquel que fue novillero puntero y fracasó, entendía las cosas de la vida y del toreo, que vienen a ser las mismas cosas, esas cosas que sus amigos ni siquiera llegaban a columbrar…ni muchos poetas, aunque sepan ligar palabras e ideas en verso, tampoco. Y se sentía feliz, sencillamente feliz.

Júbel, el perrero y sus perros

No pude acompañar a su familia el día que Júbel –Juan Bautista Beigbeder- murió. Unos días después, llamé a José María Bretón y quedé con él en las perreras. Y allí estuvimos mucho tiempo hablando de Juan, de la rehala, del propio José María.

_PIJ1057La rehala de Júbel está al lado del santuario de Santo Domingo, en el faldeo de la sierra. Es una rehala clásica, muy cordobesa, de cruzados de gran alzada con predominio del podenco. Espléndidos perros que siempre han andado muy bien en la sierra. Las grandes rehalas tienen siempre tras de ellas grandes perreros y los dos que han gobernado ésta con Júbel han sido excelentes: Fue primero Remache y, hace ya muchísimos años, José María. Más de cuarenta años de briega para llegar a este espléndido resultado.

Charlamos de todo. De las nuevas formas, de los perreros nuevecillos, de los monteros ignaros. Le conté cómo, hacía mucho tiempo, me había dicho Júbel

-El día que se retire José María quito los perros.

-Lo decía tengo ya sesenta y siete años aunque, gracias a Dios, estoy muy bien. He llegado hasta aquí porque él siempre me insistía en que siguiera. Y ya ve usted, ha sido él el que se ha ido…

Y, claro, el veterano perrero se emociona. Son muchísimos años juntos seleccionando cachorros, mejorando los encastes, monteando juntos. En lo único en lo que difiero de José María es en nuestras opiniones sobre el trabuco. Él dice que sólo estaba para alegría del montero, que rayaba por dónde se andaba monteando. Yo siempre entendí, con otros perreros viejos, que servía y mucho para echar a correr un marrano atrancado con los perros. Hemos desempolvado nuestra vieja disputa. Pero, en fin, son ganas de bregar. Ya no hay quien vea en el monte un perrero con el trabuco al hombro.

Gran tirador, Júbel fue fundador del Club de Monteros de Córdoba. Y, después, del Club de Monteros del Sur. Desde ellos organizó con éxito monterías para amigos. Pero en mi memoria va a estar siempre como rehalero. Porque a personas como Júbel y José María debemos los monteros la conservación de la pureza de nuestras rehalas, poder seguir monteando con el estilo y las buenas maneras de siempre. Ahora nos deja Júbel, uno de los últimos. Descanse en paz.

(“Trofeo”, Madrid. Julio 2004)

Suerte de varas

TAUROMAQUIA. Mariano Aguayo (acuarelas) y Rafael del Campo (textos)

En la taberna se reunían gentes del toro: picadores, banderilleros, puntilleros…todos habían soñado con la gloria pero ninguno, por las razones que fuese, la había alcanzado. El que más, la había entrevisto, la había columbrado, casi la había acariciado….Pero nada.

Como en un universo reducido, entre ese racimo de taurinos estaban todos los tipos humanos: el  orgulloso de haber vestido de luces, el resentido por un fracaso mal digerido, el que vivía de hazañas que nadie recordaba, el que creía ser lo que no era ni había sido jamás…había de todo. El cínico, el amargado…el sincero, también el sincero.

Vara 17x13

Y se hablaba de toros. Mucho. Entre medio y medio de vino. Siempre se hablaba de toros. Y se pontificaba.

Fue cuando el viejo picador, retirado muchos años atrás, dijo:

– Para que la suerte de varas no sea un trámite es preciso que los picadores den al palo su antiguo significado de vara de detener.

Clareó el gaznate con unos sorbitos de vino y continuó:

– Me vengo a referir: que citen al toro en su distancia y lo agarren del morrillo para frenarlo, antes de que se estampe contra el caballo. Como si el jamelgo no tuviera peto y hubiera que detener al toro para que no lo corneara.

Alguien preguntó:

– Cuando usted estaba en activo… ¿ picaba así ?

El viejo picador sorbió unas gotillas de vino. Recordó sus puyazos tapando la salida, el recurso de la carioca y tantos otros vicios que había practicado, en su tiempo, al hacer la suerte… Era un hombre sincero:

– Pues no…la verdad es que no.

En la otra punta de la barra, un grupo de señores, ajeno a la tertulia taurina,  hablaba de política. Uno decía:

– ¡¡ Hay que ver qué bien hablan los ministros cuando dejan de serlo!!

Y todos los taurinos, sin saber bien por qué, miramos al viejo picador.

Jabalines, madroños y exvotos

Saliendo  de Torreárboles hay que subir hasta la curva de la Herradura y desde allí, faldeando los chaparrales de San Cebrián, se llega al santuario de Nuestra Señora de Linares. El camino es afable, ya que sólo hay que dejarse ir por una vieja vereda de carne sin grandes bajadas ni repechos. Si se mira hacia abajo, por donde va la ya perdida vía del tren de Almorchón, el monte es cerrado, lujoso. Apretado de madroños, lentiscas y ulagas. Y, ya en lo hondo del todo, por donde corre el arroyo del Helechar, hacen las zarzas su natural barrera sólo franqueada por los descolgaderos que buscan el agua. Por todo el camino, las trompadas de los cochinos en la tierra jugosa. Y, al coronar una loma, a la volcada, blanca y airosa, la ermita.

A.Azulejos_SXVIII

Quien colocó allí la imagen de la Virgen fue el mismísimo San Fernando, cuando asentó sus reales en aquella hermosa colina desde la que divisaba la caída de la sierra hasta el valle del Guadalquivir con Córdoba allá abajo. En el cancel hay muchos exvotos con leyendas deliciosamente ingenuas: Hallandose Martín elias Con un tavardillo insultado se encomendó a Ntra. Sª de Linares i milagrosamente Sanó. Año de 1836. Y así. Sería interesante buscar en los exvotos la huella de la caza. Hay uno en la Ermita del Calvario de Montalbán cuyo texto es muy divertido: El día 28 de Mayo de 180. Domingo de la Santíssima Trinidad yendo a carrera tendida en un caballo Dn Antonio Villamil y Trellez tropezó en un marrano y cayó precipitando al ginete de un modo mortal y engargantado el pie derecho en el Estribo fue arrastrado y quebrándose milagrosamente la correa lo libertó de la Vida la Santísima Trinidad… En la pintura conmemorativa, puede apreciarse cómo el marrano era jabalí, que no casero, a la vista de su facha y de su rabo, con pelo y caído y no engarabitado.

Gracias a Dios, a pesar de toda la presión que sufren por las urbanizaciones que peligrosamente se acercan, los cochinos siguen siendo los señores de aquellas lomas. Y, desde la explanada que se abre ante el santuario de Linares, se está rodeado de monte muy caliente desde el que, seguramente, nos puede estar venteando algún verraco. Por ahora puede estar tranquilo pero, en cuanto pase la otoñada, podemos darle un susto en cualquiera de las manchas que rodean el santuario: Navalagrulla, Las Pitas, La Alcaidía… Que no se fíe, que los cordobeses somos así.