Ponerse el mundo por montera

Monteras 15x20 - copiaPara muchos, un torero debe ser, sobre todo, un artista: poder expresar un sentimiento, parar el tiempo y sacudir al público. Ya lo dijo Rafael “ El Gallo “ hace muchos años : “tener un misterio que decir, y decirlo“ .

Otros dicen que lo importante es el valor, que sin esa potencia que nace del corazón, no se puede ser torero… ni torero ni nada en la vida.

Los aficionados más hondos me han hablado siempre de la inteligencia y de la técnica como piedras angulares donde se cimienta el toreo.

Yo, cuando veo la figura de un matador vestido de torero, reparo en su tocado y pienso que para ser una gran figura, además de arte, valor y técnica, hace falta una fuerza especial (algunos, en su estulticia, la llaman locura) una fuerza que les hace perseguir un sueño imposible y, para alcanzarlo no dudar en… ¡¡ponerse el mundo por montera !!

TORERO SENTADO. Ac. 15x11

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A mis años…

Vicente Fernández, que lleva el coto vecino, me advirtió.
– Si vais el domingo a Torreárboles y escucháis tiros en la linde no os preocupéis. Somos nosotros, que vamos a dar un manchón, a ver si echamos a correr un marrano.
13. LA CORRIDA - copiaEllos llevan La Balanzona que tiene unos pegotillos de monte muy querenciosos. La linde está en el arroyo de El Helechar, al que cae una umbría muy vestida de monte y encinas que ya es nuestra. Pareció que me adivinaba el pensamiento.
– No te preocupes que la umbría la vamos a respetar. Aunque ahí, ya lo sabes tú, puede haber un marrano.
Tardé en pensármelo muy pocos segundos.
– ¿Y por qué la vamos a respetar? Soltamos allí una rehala y yo pongo tres o cuatro escopetas en el arroyo.
Así que, por la mañanita, estaba Fernanda puesta en la punta y, más acá mis hijos Ricardo y Mariano. Fernando, mi otro hijo, se metió en mitad de lo espeso en lo alto de un peñasco. Elena, mi nuera, tuvo que sacrificarse como madre que es y vendría más tarde, cuando se despertasen las niñas. Y yo me quedé en el arroyo junto a la casa. Así podría escuchar a las niñas cuando llegasen.
Al cabo del rato me llegó Antonio Víbora, el perrero.
– Su hijo ha matado un verraco buenísimo.
Cogí arroyo arriba y había sido Mariano, que estaba emocionado. Un bicharraco, decía. Lo había vislumbrado pechenfrente entre dos lentiscos.
Para nosotros se había acabado aquello. Mariano se fue al cochino y yo me fui a la casa, a por Elena, para que las niñas vieran el cochino. Cuando llegamos por la vereda del pie de la umbría, ya estaban allí todos.
– Ha estado más de un cuarto de hora maroteándose de los perros hasta que se faldeó por encima del arroyo y lo pude tirar.
Era un tío. Las niñas dos y tres años- recelaban pero, enseguida, le perdieron el respeto. Un jolgorio. Luego el traslado. Hubo que descuartizarlo allí mismo para poderlo sacar. Por nada cambiaría yo un jaleíllo familiar como éste. En la casa les explicamos mil veces a las niñas cómo había sido todo. Se desmenuzaban los incidentes. Las vueltas que había dado el cochino, lo que se había atrancado con los perros, los tres que había herido.
No me enteré hasta dos días después. Por el paso que yo había dejado para ir a cotillear y traer a las niñas, se había salido un marrano casi tan grande como el otro. A mis años… qué sacuhigada.

Mi frustrada alternativa de Agustin Parra “Parrita”

Agustin Parra “Parrita“ tomó la alternativa en Córdoba, el 27 de mayo de 1.976: el padrino fue Curro Romero y como testigo actuó “Niño de la Capea”. Los toros pertenecían a la ganadería de Manuel González Cabello. El toro de la alternativa, de nombre Aguamiel, estaba marcado con el nº 137, era negro zaíno girón, y dio un peso de 517 kilos.

PARRITA

En aquellos tiempos, la Feria se montaba en pleno corazón de Córdoba, en la Avenida de la Victoria, y era muy jaleosa para quienes vivíamos en el centro. Por ello, huyendo del bullicio, y temiendo tanta musicandia y tanta sirena y tanto jolgorio, nos íbamos a pasar unos días al campo. Era acabar los colegios, recoger los bártulos y ¡ea ! para la finca. Los mayores no eran gustosos de las agitaciones y a los chicos, aunque nos tiraban mucho los cacharritos, el látigo, los coches de choque y demás ingenios de los feriantes, nos tentaba más aun el campo. De todos modos hubiera dado igual nuestro criterio: no se nos pedía opinión, como es natural.

Lo que no perdonaban los mayores eran los toros y más de una tarde se bajaban a Córdoba, a ver el festejo. Aquel año me dijeron:

– El día de la alternativa de Parrita, te vienes con nosotros… ya te tenemos comprada la entrada.

Y me enseñaban un boleto curiosamente doblado donde, amén de la fecha, se señalaba la ubicación: asiento tres, fila tres, tendido tres.

Entonces la imaginación se desbocaba y las figuraciones tocaban las dudas que siempre plantea lo desconocido:

– ¿ Y los toros son muy grandes ? ¿ Como el macho cabrío que va con las ovejas ?

– Más grandes, mucho más grandes…como la mulilla negra por lo menos.

La primavera había venido lluviosa y las nubes habían descargado con mucha fuerza y eso, aunque había malbaratado algo las cosechas de cereal, iba en beneficio de los pastos, y los arroyos corrían con aguas muy cantarinas, y los veneros manaban mansamente, como mana la sangre de una herida recién abierta. Esto consolaba a mi padre:

– Como ha llovido tanto, es fácil que en verano no falte agua para el ganado….

Y mi abuelo:
– Sí, seguramente…

Pero Sabas, el pastor, que gastaba ese pesimismo reservón de la gente de campo, bufaba desconfiado y advertía:
Bufff…que el verano es muy largo…

Yo, mientras, andaba a lo mío: zascandileando por las cañadas, buscando nidos o lagartos, o ranas…todo con esa indiferencia de animal joven que no se preocupa de nada. En las partes más bajas de la finca y en las vegas que recaían al río, el suelo estaba enguachinado de tanta agua y el barro se pegaba a las botas, por eso, cuando entraba en la casa, dejaba por las habitaciones un reguero de tierra legamosa que irritaba a mi madre:

– ¡ Quítate las botas antes de entrar, que dejas esto hecho una pocilga !

Y al poco:
– ¡ Y cómo traes los pies! ¡ Cámbiate los calcetines y ponte unos secos, que vas a pillar una pulmonía !

Para entonces ya atardecía y mi abuelo, y mi padre, y Sabas, el pastor, se tomaban la copita de vino y hablaban de toros, mientras veían hundirse el sol en las lejanías de poniente.

Parrita es torero y tiene su aquel , pero me da a mí que anda corto de aquí, decía mi abuelo mientras se tocaba el pecho.
Mi padre era más condescendiente :

– Hay que dejarlo que evolucione…que ha empezado en esto ayer mañana, como quien dice. Yo estoy en que la alternativa es precipitada, debería placearse más…

Y yo, que andaba por allí enredando:
– ¿ Y los toros son muy grandes ? ¿ Como el macho cabrío que va con las ovejas ?

Y Sabas, el pastor:
– Más grandes, mucho más grandes… como la mulilla negra, por lo menos.

Era irse el sol y refrescar y levantarse una brisilla y yo, aunque estaba resudado, con la humedad pegada al pecho, y desabrigado, seguía jugando fuera con los perros. Y mi madre:

– ¡Ponte un jersey, que te vas a enfriar !

Pero yo no hacía caso y seguía jugando con los perros, tan a gusto. De vez en cuando mi abuelo me llamaba :

– A ver, dile a Sabas cómo se llamaba el toro de la alternativa de Manolete.

Y yo:
– Mirador, abuelo…. Pero pregunta uno más difícil.
– Pues el de la alternativa de Aparicio.

Y yo, muy sobrado :
– Farruquero, abuelo… Pero pregunta uno más difícil.

Y mi abuelo hacía como que se concentraba mucho:

– Pues el de la alternativa de Antonio Bienvenida

Y yo, muy sobrado, y algo pedantón:
– Cabileño, de Miura.

Mi abuelo se enorgullecía :
– Este nieto me ha salido muy listo.

Yo, mientras, pensaba en la corrida del día siguiente y en cómo se llamaría el toro de la alternativa de Parrita y me juraba que ese nombre nunca se me olvidaría porque los toros eran como las flores, o como los pájaros, o como los parajes, que siempre tiene nombres bonitos que suenan hermosamente al oído.

Me acosté pensando en nombres de toros: Mirador, Farruquero, Cabileño….y en Buenasuerte, Sueñomío, Ropalimpia…y en Florbella, Pajarito y Soñador…y así me quedé dormido, hasta que, de madrugada me despertaron unos retemblidos de frío y un agudo aguijón clavado en la garganta.

– El niño tiene anginas, se ha enfriado….

Pronto se urdieron los remedios naturales con lo que había más a mano y me hicieron un cocimiento de hojas de eucalipto y zumo de limón que me consoló el cuerpo. Pero, aunque hubo mejoría, mi madre se negó a que fuera a la corrida.

Al mediodía se presentó Sabas con una botella:

– Es aguamiel…es lo mejor para el dolor de garganta. Lo hago yo mismo.

El brebaje estaba muy goloso y, aunque poco, tenía algo de alcohol, así que a mí los lingotazos me dieron mucho alivio y entre el sosiego que me procuraba y el calor del brasero me quedé dormido. Cuando desperté mi padre, mi abuelo y Sabas se habían ido a la corrida. Mi madre me lo explicaba :

– Si hubieras ido te pondrías peor…pero dice el abuelo que si mejoras te lleva pasado mañana, que torea otra vez…

Yo me quedé dentro de la casa lamentando mi infortunio : …Mirador, Farruquero, Cabileño….y Buenasuerte, Sueñomío, Ropalimpia…y Florbella, Pajarito y Soñador… Y pensando en cual sería el nombre del toro de la alternativa de Parrita, cuya lidia no vería. De vez en cuando buscaba el consuelo de del aguamiel de Sabas, y me echaba al cuerpo un lingotazo dulce como la melaza y reparador como abrazo cálido.

Ya bien anochecido sentí acercarse el traqueteo del coche cerro arriba y vislumbré el resplandor de los faros que iluminaban la oscuridad.

– ¡ Ya están aquí !
Los oía comentar sus pareceres .

Mi abuelo :
– El muchacho es torero y tiene su aquel , pero me da a mí que anda corto de aquí, decía mientras se tocaba el pecho.

Mi padre :
– Hay que dejarlo que evolucione…que ha empezado en esto ayer mañana, como quien dice. Yo estoy en que la alternativa ha sido algo precipitada…

Yo andaba adormilado, por efectos del aguamiel, así que no pregunté cómo había ido la tarde, ni si Parrita había cortado algo, ni cómo había estado Curro Romero…sólo dije :

– ¿Cómo se llamaba el toro de la alternativa ?

Mi abuelo me miró afectuoso. Señaló la botella de licor que Sabas me había dejado por la mañana y dijo:

– Aguamiel, se llamaba Aguamiel… ¡ Qué casualidad !

Los mayores sonrieron y yo pensé algo de lo que el paso del tiempo me ha ido convenciendo cada día más : que la vida tiene unas coincidencias raras, muy raras….y muchas veces demasiado irónicas.

TORITO IV. 10X12-2

Los perros inocentes

PODENCOS 114 X195Ayer me di una vuelta por el centro. Córdoba está aplomada, con los cielos bajos amenazando agua. A las puertas de Gaudí, una tertulia de gente montera. Antoñín Flores, alguno de los Jiménez Sedano, Juan Cabrera, Lucilo Martínez, Antonio Pérez Barquero, Matías García… Me acerco y le digo a Matías
– Oye, Matías, ¿tú eres rehalero de catrecillo?
– ¿Qué si yo soy qué? me mira bastante desconfiado.
Matías, más de cincuenta años monteando con perros, de su padre o suyos, no sabe que se ha inventado esa calificación. Yo ya lo suponía, pero le he preguntado por verle la cara de desconcierto. Rehalero de catrecillo le dicen ahora al de siempre, al que no vende el puesto, sino que lo ocupa a cambio de aportar sus perros. A nuevas maneras nuevos nombres.
Antes no existían problemas. Había monteros que tenían perros y ya está. Las monterías no se vendían y cada cual aportaba algo. Quién la mancha, quién los perros, quién solamente su cuerpo serrano y su rifle. Se llamaba a los amigos y, si faltaba gente, se acababa de cerrar con escopetas negras. Aquellas eran rehalas: Juan de Dios Porras, Juan Calvo de León, Juan García Liñán, Curro Spínola, Joaquín Natera, Pepe Molleja, Guerrita, Paco Cívico, Barasona, Montesión, Olías… Y todos con perreros de campanillas: El Cristiano, Rafalillo, Saleri, Ginés, El Travieso, Pepillo… Eso por aquí, que anda que en Castilla… Arión, Viana, Valdueza, Urquijo… Yo qué sé…
Pero esos eran otros tiempos en los que ni siquiera se empleaba la palabra rehalero. Ahora estamos hechos un lío. Hay rehalas que se ofrecen por un jornal. Rehaleros – perreros que entran con sus perros. Otros venden el puesto que les corresponde. Están los que se alquilan por toda la temporada. Y, por fin, los menos, tienen su rehala por derecho, es decir, los perros y las perreras de su propiedad y el perrero asalariado con dedicación plena.
De vuelta a casa, aligerando porque empezaba a llover, pensaba yo en las reivindicaciones de las rehalas y en lo que se está escribiendo sobre ello. Y es que ni todos son iguales ni pueden exigir lo mismo. Los únicos que siguen siendo fieles a sus obligaciones sin mayores exigencias son los perros porque esos, gracias a Dios, siempre son inocentes.

(Trofeo, Madrid, 2001.

Machaquito

Machaquito-2
A Rafael González Madrid “ Machaquito “, la historia lo ha acollarado con Benlliure y con su famosa escultura “ La Estocada de la tarde “. Y el tiempo, que todo lo cura y todo lo simplifica, y los poetas, que todo lo cantan y todo lo truecan, lo presentan como un gran estoqueador: mas sólo eso.

Pero yo me malicio que hubo mucho más toreo dentro de ese torero : poder, valor, honradez…y una extraña pinturería cordobesa, mezcla de senequismo y arrebato, tan escasa aún, un siglo después, en los coletudos de esta tierra.

Benlliure_EstocadaMachaquito[1]

La caza y las palabras

16-JustificandoseHace poco llamé, cariñosamente desde luego, cazandanga a un amigo. Y, como hombre cultivado que es, buscó la palabreja en los libros. Me escribió. He mirado en el diccionario de la RAE, en el de Mari (sic) Moliner y hasta en el MA (mi Vocabulario de la Montería, vaya por Dios) sin encontrar nada. Le faltó haber consultado el Vocabulario Andaluz de don Antonio Alcalá Venceslada, que hizo una labor ingente de fijación del lenguaje de estas tierras del Sur. Pero tampoco está ahí. Conque decidí aclararle el vocablo pero, lo que son las cosas, resulta más fácil entender qué cosa sea un cazandanga que definirlo. Aunque quizá podría quedar así el intento:
CAZANDANGA. Nombre epiceno usado en las sierras de Córdoba. Despectivo afectuoso. Dícese del cazador sencillo, alegre y desenfadado, no preocupado en demasía por las leyes, que suele anteponer a cualquier otra mira la feliz convivencia con sus amigos. En general, es más fácil encontrar esta especie entre aficionados a la escopeta que entre practicantes de caza mayor.
El de cazandanga es un término usado siempre en sentido cariñoso. Si decimos
-Habíamos parado a tomar un bocado cuando se nos acercaron dos cazandangas con sus perros…
estamos hablando de gente amable, de alegres compañeros. No es lo mismo si hubiésemos dicho cazadores. Cazador suena más serio que cazandanga, más formal, más a gente plantada en su derecho.
Es el cazandanga un cazador en tono menor. Y no por una cuestión de clase social, sino por su actitud ante la caza, ante la vida. Puede ser un feliz desarrapado con su vieja escopeta de perrillos o un marqués, cuando se empeña en echar con sus amigos un manchón cuando y donde no debe.
A mí el lenguaje siempre me preocupó, porque forma parte de la belleza de las costumbres en la sierra. Sin embargo, debemos ir resignándonos. Ya la gente no vive en el campo. Se van cada noche a dormir al pueblo y, en lugar de charlar ante la lumbre en sus casas perdidas en la sierra, se vuelven a la televisión. Y aquella narrativa viva de historias serranas, de lances de caza y noches de lobos, queda sustituida por las zafiedades de los concursos o las tontas pamplinas de las series. Por falta de comunicación entre generaciones se irán perdiendo los hermosos topónimos serranos y también desaparecerán vocablos autóctonos como quemaizal, madrevieja, esponje, pelusear, atoconar… O cazandanga porque ¿quién sabe ya lo que quiere decir cazandanga?

Los fingimientos

DE RODILLAS 1Yo, señores, más que de leer, soy de releer. Me produce mucho goce irrumpir en mi biblioteca y coger un libro, cualquiera, abrirlo por donde quiera el azar y, sin mayores probaturas, empezar a leerlo. O, por mejor decir, a releerlo. Esa anarquía, en contra de lo que pudiera pensarse, no es perjudicial, porque como el argumento del libro me lo sé, el desinterés por el fondo me hace centrarme en la forma y regustar las palabras que eligió el escritor, su eufonía, sus resonancias o evocaciones… en fin… leer pausadamente, sin desazón y sin más interés que disfrutar de lo bien escrito….

Me gusta mucho Cela: más el Cela de los inicios y de los libros de viajes y de los relatos cortos, que el Cela de las novelas circulares, de la verbosidad inalcanzable, de las historias desestructuradas, ininteligibles y, aunque me esté mal el decirlo, absurdas. Sí, absurdas.

Hoy la casualidad me ha puesto en las manos un libro de Cela titulado “ Las compañías convenientes y otros fingimientos y cegueras “ Y, conforme a mi costumbre, he empezado a releerlo. Primero el título. Varias veces, porque ese título es hermoso : tiene ritmos de poema, hondas sugerencias, ajustadas redondeces…. Y me he quedado ahí, porque, enseguida, al leer varias veces la palabra “fingimientos “, mi “ yo “ taurino me ha llevado a la plaza de toros de Córdoba, muchos años atrás ( ¿ más de cuarenta ? ) y los recuerdos se han hecho amos de la situación…..

DE RODILLAS 2Se corría una novillada. Un cartel modesto. Festejo de cuatro novillos para dos novilleros de la tierra. Y estábamos cuatro gatos. Cuatro gatos…. y mi abuelo y yo.

El novillero que abre cartel, tiene clase, pero le falta de aquí, dijo mi abuelo mientras se tocaba el pecho. El otro, que debuta hoy con picadores, es tremendista.
Y luego profetizó:
No creo que veamos nada…..
Pero al instante matizó:
…….. aunque en los toros siempre se aprende algo.

El primero de los novilleros , como se maliciaba mi abuelo, no hizo gran cosa : no se puso en el sitio, dudó y cuando, después de mucho probar, provocaba la embestida, pingaba en el embroque desluciendo la suerte. La gente le pitó: sin saña, pero le pitó.

Por su parte, el otro chaval, el tremendista, se metió a la gente en el bolsillo: saltos, rodillazos, desplantes…pases, lo que se dice pases, no dio ni uno: pero le echó desparpajo y simpatía. Dos orejas.

Mi abuelo cabeceaba con desaprobación:

Hijo mío, esto no es torear…es….es… es otra cosa.

Salió el tercero : era la última oportunidad para el chaval que había abierto plaza. MI abuelo insistió:

Es una pena, porque este torero tiene clase, pero le falta de aquí.
Y se tocó el pecho.
Pero el chaval quería triunfar y, fue coger la muleta, y liarse a dar saltos, rodillazos, desplantes…pases, lo que se dice pases, no dio ni uno: pero le echaba sonrisas, sobrecarga de ademanes, gestualidad, exageraciones…. Sin embargo el público no entró en la faena y le pitaba: sin saña, pero le pitaba.

En mi inocencia, le pregunté a mi abuelo:

¿ Por qué al otro le han dado dos orejas y a este que ha hecho lo mismo le pitan ?
MI abuelo le dio una honda calada al habano : en aquellos tiempos, se permitían muchas cosas que hoy que vivimos en libertad están prohibidas ….¡ Qué le vamos a hacer !

Luego expiró el humo premiosamente y dijo:

Verás, hijo mío, en el toreo cada uno debe comportarse como es…tiene que interpretar el toreo que le sale de dentro…y este chaval ha imitado, ha fingido ser otro torero y claro , no ha llegado al público… En el toreo, como en la vida, lo peor es fingir….
Terminado el festejo, camino de casa, mi abuelo, que ya torpeaba de las piernas, se apoyaba en su bastón y se asía con fuerza a mi brazo derecho, buscando seguridad.
Al cabo de un rato se paró resollar, me miró y comentó:
Ya te dije que no creía que hoy viéramos nada aprovechable.
Pero al instante matizó:
…….. aunque en los toros siempre se aprende algo…del toreo o de la vida…
Y con honda sabiduría remató:

¡¡Que malo es fingir!!… En el torero y en la vida, lo peor es fingir….