Una rehala centenaria

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En el salón de la casa de Torralba, en Hornachuelos, comentaban los monteros con Don Alfonso XIII lo bien que había andado en la mancha de Natera y quiso el monarca conocer al perrero para felicitarlo. Conque llamaron a Rafalillo, que asomó la cabeza muerto de miedo sólo con pensar que iba a comparecer ante el rey de España. Pues no hizo más que poner sus botas claveteadas con tachuelas en el piso y se escurrió cayendo cuan largo era. Así que, para evitar nuevos accidentes, atravesó a gatas la estancia. Y aquella aventura pasó a formar parte del largo anecdotario de Rafalillo.

Rafalillo era el perrero de Joaquín Natera Junquera que se hizo novio en Mesas Altas, la finca familiar, con un corzo en 1881. Poco después echó perros y esa rehala pasó a su muerte a su hijo Joaquín, rehalero de los que han hecho época, llegando por los años cuarenta a conseguir fijar la famosa casta de los currillos, tan recordados por la vieja gente montera de Córdoba. Por entonces se retiró muy viejo Rafalillo y tomó el gobierno de la rehala El Cristiano.

Al morir sus hijos, heredó los perros su sobrino carnal Joaquín Natera Rodríguez, que nos dejó para siempre, ya a avanzada edad, la pasada temporada. Para entonces, su rehala había cumplido ciento seis años de existencia sin interrupciones.

Como Joaquín no tenía hijos, preocupaba la posible desaparición de la rehala decana de Córdoba. Pero, gracias a Dios, va a seguir en la sierra. Con Paco Álvarez Natera, hijo de una hermana de Joaquín.

Al viejo Cristiano lo había sucedido su hijo, del mismo apodo, y ahora seguirá el perrero que estuvo los últimos años con Joaquín: Rojitas. Cuatro generaciones de buenos perreros y de buenos monteros.

Perdóneseme esta retahíla de datos, que más parecen de manual infantil de historia. Pero es que es así; es que se trata de nuestra historia montera que no se ha escrito en dos días.

Este año nos va a faltar Joaquín Natera. Pero su recuerdo va a seguir entre nosotros, en nuestra historia montera, entre los alcornocales de Hornachuelos, con su perrero, con sus perros.

Revista Trofeo, Madrid 1996.

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