Ponerse el mundo por montera

Monteras 15x20 - copiaPara muchos, un torero debe ser, sobre todo, un artista: poder expresar un sentimiento, parar el tiempo y sacudir al público. Ya lo dijo Rafael “ El Gallo “ hace muchos años : “tener un misterio que decir, y decirlo“ .

Otros dicen que lo importante es el valor, que sin esa potencia que nace del corazón, no se puede ser torero… ni torero ni nada en la vida.

Los aficionados más hondos me han hablado siempre de la inteligencia y de la técnica como piedras angulares donde se cimienta el toreo.

Yo, cuando veo la figura de un matador vestido de torero, reparo en su tocado y pienso que para ser una gran figura, además de arte, valor y técnica, hace falta una fuerza especial (algunos, en su estulticia, la llaman locura) una fuerza que les hace perseguir un sueño imposible y, para alcanzarlo no dudar en… ¡¡ponerse el mundo por montera !!

TORERO SENTADO. Ac. 15x11

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Machaquito

Machaquito-2
A Rafael González Madrid “ Machaquito “, la historia lo ha acollarado con Benlliure y con su famosa escultura “ La Estocada de la tarde “. Y el tiempo, que todo lo cura y todo lo simplifica, y los poetas, que todo lo cantan y todo lo truecan, lo presentan como un gran estoqueador: mas sólo eso.

Pero yo me malicio que hubo mucho más toreo dentro de ese torero : poder, valor, honradez…y una extraña pinturería cordobesa, mezcla de senequismo y arrebato, tan escasa aún, un siglo después, en los coletudos de esta tierra.

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Los fingimientos

DE RODILLAS 1Yo, señores, más que de leer, soy de releer. Me produce mucho goce irrumpir en mi biblioteca y coger un libro, cualquiera, abrirlo por donde quiera el azar y, sin mayores probaturas, empezar a leerlo. O, por mejor decir, a releerlo. Esa anarquía, en contra de lo que pudiera pensarse, no es perjudicial, porque como el argumento del libro me lo sé, el desinterés por el fondo me hace centrarme en la forma y regustar las palabras que eligió el escritor, su eufonía, sus resonancias o evocaciones… en fin… leer pausadamente, sin desazón y sin más interés que disfrutar de lo bien escrito….

Me gusta mucho Cela: más el Cela de los inicios y de los libros de viajes y de los relatos cortos, que el Cela de las novelas circulares, de la verbosidad inalcanzable, de las historias desestructuradas, ininteligibles y, aunque me esté mal el decirlo, absurdas. Sí, absurdas.

Hoy la casualidad me ha puesto en las manos un libro de Cela titulado “ Las compañías convenientes y otros fingimientos y cegueras “ Y, conforme a mi costumbre, he empezado a releerlo. Primero el título. Varias veces, porque ese título es hermoso : tiene ritmos de poema, hondas sugerencias, ajustadas redondeces…. Y me he quedado ahí, porque, enseguida, al leer varias veces la palabra “fingimientos “, mi “ yo “ taurino me ha llevado a la plaza de toros de Córdoba, muchos años atrás ( ¿ más de cuarenta ? ) y los recuerdos se han hecho amos de la situación…..

DE RODILLAS 2Se corría una novillada. Un cartel modesto. Festejo de cuatro novillos para dos novilleros de la tierra. Y estábamos cuatro gatos. Cuatro gatos…. y mi abuelo y yo.

El novillero que abre cartel, tiene clase, pero le falta de aquí, dijo mi abuelo mientras se tocaba el pecho. El otro, que debuta hoy con picadores, es tremendista.
Y luego profetizó:
No creo que veamos nada…..
Pero al instante matizó:
…….. aunque en los toros siempre se aprende algo.

El primero de los novilleros , como se maliciaba mi abuelo, no hizo gran cosa : no se puso en el sitio, dudó y cuando, después de mucho probar, provocaba la embestida, pingaba en el embroque desluciendo la suerte. La gente le pitó: sin saña, pero le pitó.

Por su parte, el otro chaval, el tremendista, se metió a la gente en el bolsillo: saltos, rodillazos, desplantes…pases, lo que se dice pases, no dio ni uno: pero le echó desparpajo y simpatía. Dos orejas.

Mi abuelo cabeceaba con desaprobación:

Hijo mío, esto no es torear…es….es… es otra cosa.

Salió el tercero : era la última oportunidad para el chaval que había abierto plaza. MI abuelo insistió:

Es una pena, porque este torero tiene clase, pero le falta de aquí.
Y se tocó el pecho.
Pero el chaval quería triunfar y, fue coger la muleta, y liarse a dar saltos, rodillazos, desplantes…pases, lo que se dice pases, no dio ni uno: pero le echaba sonrisas, sobrecarga de ademanes, gestualidad, exageraciones…. Sin embargo el público no entró en la faena y le pitaba: sin saña, pero le pitaba.

En mi inocencia, le pregunté a mi abuelo:

¿ Por qué al otro le han dado dos orejas y a este que ha hecho lo mismo le pitan ?
MI abuelo le dio una honda calada al habano : en aquellos tiempos, se permitían muchas cosas que hoy que vivimos en libertad están prohibidas ….¡ Qué le vamos a hacer !

Luego expiró el humo premiosamente y dijo:

Verás, hijo mío, en el toreo cada uno debe comportarse como es…tiene que interpretar el toreo que le sale de dentro…y este chaval ha imitado, ha fingido ser otro torero y claro , no ha llegado al público… En el toreo, como en la vida, lo peor es fingir….
Terminado el festejo, camino de casa, mi abuelo, que ya torpeaba de las piernas, se apoyaba en su bastón y se asía con fuerza a mi brazo derecho, buscando seguridad.
Al cabo de un rato se paró resollar, me miró y comentó:
Ya te dije que no creía que hoy viéramos nada aprovechable.
Pero al instante matizó:
…….. aunque en los toros siempre se aprende algo…del toreo o de la vida…
Y con honda sabiduría remató:

¡¡Que malo es fingir!!… En el torero y en la vida, lo peor es fingir….

La alternativa

TAUROMAQUIA. Mariano Aguayo (acuarelas) y Rafael del Campo (textos)

Domingo Carracedo, Cebollito en los carteles, tomó la alternativa una tarde de septiembre en su pueblo, sin otro fundamento que cuatro novilladas en plazas portátiles y sin otra pretensión que añadir con cierto sentido ( no mucho, verdaderamente) la leyenda matador de toros en su tarjeta de visita. Los inocentes también tienen derecho a algo de gloria y de autocomplacencia y, si es posible, a darse postín. ¡ Faltaría más!

CEBOLLITOPara la ocasión Cebollito alquiló a Modesto Sánchez, sastre de toreros, un vestido de torear color indefinido, quizá en tiempos fuera tabaco, o caña, o mostaza, quien sabe, lo que sí es cierto es que el día de la alternativa parecía de mierda y oro ( dicho sea con respeto) así estaba de astroso y desgastado. Por si fuera poco, la taleguilla tenía un costurón mal recosido a la altura de la ingle por donde se le fue la sangre y después la vida al valiente novillero El Exquisito ( se ignora su verdadero nombre ) el día de no sé que Virgen, de un año que no recuerdo, en un pueblo manchego ( ¿ o era extremeño? ) que a nadie importa.

Pero con Cebollito no iban supersticiones ni fatalismos ni era él persona que creyera, como algunos poetas ( los poetas suelen ser gente rara y peregrina) que la vida se repite y que la historia siempre termina por retornar. Por eso cuando su padrino, el diestro mejicano Abundio Irving Palomo de Popocatepelt le cedió los tratos, se fue al toro con templanza y decisión y se dijo : Vamos a cortarle las orejas Cebollo (Cuando se hablaba a sí mismo omitía el diminutivo, probablemente para darse ánimos y no desmerecer ante la propia opinión).

Y aunque el toro se vencía por el pitón derecho se empeñó en torearlo por ese lado ( ahí está el mérito, que se palpe la tragedia, ¡ Olé los toreros valientes! )y de su contumacia e insistencia surgieron dos derechazos, el primero compuestito, y no hubo lugar al tercero porque el toro le metió el pitón a la altura de la ingle, descosiendo el costurón mal recosido de la taleguilla. Conforme caía, el marrajo le tiró un hachazo en dirección al cuello, pero se conoce que el animalito, con la emoción de ver a su presa indefensa, se precipitó y marró el viaje y así, por milímetros, salvó Cebollito la yugular. Ya en el suelo, babeado, pateado, humillado y malherido por el toro, que no cejaba en buscarlo, Cebollito sacó el estoque y, como quien no quiere la cosa, lo hundió en el costado del cornúpeta, con tal precisión y buen tino que le picó el corazón, y lo hizo rodar sin puntilla. LA plaza irrumpió en una ovación atronadora. A Cebollito le fueron concedidas las dos orejas y el rabo.

Como rémora de la cornada le ha quedado a Domingo Carracedo Cebollito una cojera de las perpetuas, que le hace andar a ritmo de pirueta sostenida, con una muleta ( ortopédica, claro) que el maneja con galanura y buenas maneras, seguramente por deformación profesional. En los bares donde entra vendiendo lotería, bolígrafos o tabaco de contrabando suele encontrase con los novilleros de moda, con sus chaquetas cruzadas, sus corbatas de seda y su pelo engominado. : Buenas tardes, maestro, le saludan. Cebollito nunca se ha parado a pensar si lo de maestro es por respeto o por sorna. Y yo, que quieren que les diga, creo que hace bien.

El temple

TAUROMAQUIA. Mariano Aguayo (acuarelas) y Rafael del Campo (textos)

TEMPLEEsos minutos que pasaba en el patio de cuadrillas, a punto de liarse el capote de paseo, no tenían lidia posible y el miedo lo acogotaba y no sabía cómo entretenerlo. Desde los tiempos de novillero había buscado una triquiñuela para vencer ese miedo, pero no había podido encontrar alguna receta que fuera infalible. A veces optaba por aislarse, meterse en sí con la actitud indiferente de una vaca cuando la ordeñan, y buscar en la memoria, ese caldero íntimo donde se recuecen las experiencias pasadas, un recuerdo amable, de los que le esponjaban el corazón y le hacían coger optimismo y fuerza.

Algunas tardes había sacado del caldero una imagen hermosa: él mismo, muy niño aún, cogido de la mano de su madre paseando por los jardines de Los Patos, echando trigo a las palomas. O más mayorcete, con su padre, cazando conejos , en los arroyos veraniegos, con tres o cuatro perrillos , armado de su escopetilla de 12 milímetros. Aquellas rememoraciones le llenaban el ánimo de felicidad, ahuyentaban el miedo, y le hacía estar luego inteligente y lucido delante del toro. Y, casi siempre, triunfar.

Pero no siempre había suerte : otras veces la memoria le traía recuerdos de cornadas, como aquella tarde en Murcia en que un toro le abrió el muslo en dos, como si fuera un libro , y, entonces, tenía que retornar apresuradamente de su ensoñación y hablar con cualquiera de la cuadrilla cosas intrascendentes y comentar evidencias para entretener los miedos.
– Pues se ha llenado la plaza…
– ¡ Qué buen tiempo hace !
– ¡ A ver si embiste el ganado !

Aquella tarde, sin embargo, cuando se aisló, la mente no le trajo recuerdos, ni buenos ni malos, sino una frase:

– Sin movimiento, no hay toreo…pero mientras más lento sea el movimiento, mayor será el toreo.

El maestro no recordaba haberla oído jamás, ni mucho menos haberla leído, que el maestro no era gustoso de la letra impresa, pero sabía bien que el inconsciente funciona, muchas veces, mejor que el consciente, de modo que si la frase le venía a la mente por algo sería.

Se abstrajo unos momentos meditándola, pero sin entenderla bien del todo.
Enseguida rompió el pasodoble y empezó el paseíllo.

Cuando salió su primer toro el maestro aún tenía fresco el requerreque de la frasecita :
– Sin movimiento, no hay toreo…pero mientras más lento sea el movimiento, mayor será el toreo
Y aún seguía sin comprenderla. Pero el maestro era hombre más de acción que de pensamiento, y se dejaba llevar más por el sentimiento que por la razón. Por eso, tan pronto sitió la caricia del percal entre las manos se transformó.
– Sin movimiento, no hay toreo…pero mientras más lento sea el movimiento, mayor será el toreo

Y templó tanto a la verónica que sus lances se pararon en la memoria de los aficionados…tanto se pararon que aún siguen ahí.

Natural. 11x15

Venirse arriba

TORITO III. 10X12TAUROMAQUIA. Mariano Aguayo (acuarelas) y Rafael del Campo (textos)

Recostado en la barrera, el maestro miraba con una mezcla de preocupación e indolencia el tercio de banderillas, que discurría complicado y peligroso. El Beni, a pesar de ser capotero poderoso, sujetaba al bicho en el tercio a duras penas , que así estaba el animal de andarín y descompuesto. Y Palillo, no obstante ser un buen banderillero y estar muy ágil, daba pasadas en falso sin poder prender ni un solo palitroque.
El maestro pensaba:

“ …todo es conforme y según y el toro tiene sus problemas, espera y se acuesta por el derecho y rebaña por el izquierdo… el público no lo ve…porque el público es necio…pero vaya arreones pega el bicho…y yo no me voy a dejar coger por un buey…que me abroncan..pues vale…la bronca más larga dura cinco minutos y la cornada más chica quince días….”

Palillo había dejado una banderilla en el costillar y el público le pitaba con ganas.
El maestro pensaba:
“…si me doblo con él y le aguanto los tres o cuatro primeros arreones soy capaz de meterlo en la muleta…..pero eso es echar la moneda al aire y jugármela…..y yo no me voy a dejar coger por un buey…que me abroncan…pues vale…la bronca más larga dura cinco minutos y la cornada más chica quince días….”
Palillo había dado otra pasada en falso y ahora era el turno de Bombilla, que estaba ya viejo y regordío, y torpeaba mucho. Si de joven ya era pataleto y lentorro, ahora, con más de cincuenta años y con episcopal panza de arzobispo, todas sus carencias se agolpaban en cada suerte y era un peligro constante.

El maestro pensaba :

“…le doy cuatro trapazos, le toco los costillares y lo paro…y en cuanto se descuide le meto un golletazo y fuera líos… yo no me voy a dejar coger por un buey…que me abroncan…pues vale…la bronca más larga dura cinco minutos y la cornada más chica quince días….”

CITANDO8
En esto sonaron clarines y timbales. Pacorro, el mozo de estoques, le arrimó los trastos. Lo animó.

Vamos, maestro, que en la vida y el toreo hay qué demostrar quién es uno…y tú eres el mejor.
Y al maestro, esas simples palabras, le prendieron un fuego en los adentros , y se vino arriba, dispuesto a jugársela porque, aunque es verdad que la bronca más larga no dura más de cinco minutos, y aunque también es verdad que la cornada más chica no dura menos de quince días, no es menos cierto que el triunfo dura para siempre, para siempre, para siempre….

Jee, toro, jee……